viernes, 21 de mayo de 2010

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Cuéntame un cuento

Sin interés Poco interesante Interesante César Rufino Actualizado 20/05/2010 23:22
Pablo Hoyos cuenta la autobiografía de Dios. - El Correo

Sevilla celebra hoy la gran noche del relato para adultos. Lea atentamente las instrucciones. Si adora que le suelten cuentos pero no es amigo de ir a mítines, aproveche esta oportunidad.

Cinco narradores bastante raros le van a dar esta noche a Sevilla ese aire metropolitano que tienen las ciudades donde, además de aspirar el aroma a orín y madreselva y dejarse seducir por el sonido del agua de la cantarina fuente, puede uno entrar en un local a tomarse una copa y presenciar un espectáculo en vivo cuyos protagonistas no griten. No es la bohemia de Regina, ni la versión culta de la movida madrileña, ni una sorprendente mutación de la nueva epidemia de los monóloguistas ni tampoco el sueño de todo lector de suplementos dominicales, pero algo de todo eso sí que tiene. Será en la Sala Obbio (que está por la Plaza de Armas), se titula A Media Luz y se autodefine como la noche de los cuentos para adultos.

Esta expresión, cuentos para adultos, puede llegar a sugerir en algún espíritu indómito la percepción de que esto pueda ser una especie de oda a ciertos apéndices corporales o un enaltecido himno dedicado al hecho de darles empleo. Quienes den esto por supuesto, que se ahorren los seis euritos de la entrada porque quedarán decepcionados. Aquí, la palabra adulto se utiliza en sus acepciones académicas (dícese de quien ha alcanzado su mayor crecimiento o desarrollo, tanto físico como psicológico), no en esa modalidad casi forense que alude a la capacidad de ciertos humanos para convertir su cuerpo en una inquietante sinécdoque (que como ya sabe es esa linda figura retórica que consiste en sustituir el todo por la parte y viceversa). Vamos, que no va de sexo la cosa, sino de entendederas.

Dicho lo cual, que es crucial para la comprensión del fenómeno, toca añadir que el quinteto de cuentistas está conformado por Pablo Hoyos y Carmen Solís (ambos del grupo Pumarejocuentos); el colombiano Jhon Ardila, un galáctico de la narración oral sevillana; y dos miembros de la compañía La Cháchara: Ángeles Fernández y el paraguayo Marco Flecha. Éste último, ejerciendo como portavoz del asunto, comentaba ayer que "la procedencia y los estilos de los narradores son muy variados, como así también las historias que contamos, que van desde cuentos populares, de sueños y desengaños, hasta cuentos con un hondo contenido social llegados de diferentes rincones del mundo".

Eso dice Marco Flecha, pero habría que matizarlo porque él lo ve desde dentro y la percepción no es la misma. Es verdad que son cuentistas de muy diverso cuño y marcados con una honda preocupación social y todas esas cosas, pero el rasgo principal (o, al menos, el que con más fuerza llamará la atención de quienes vayan a escucharlos) es la calidad de su humor. Que nadie interprete que son chistes, ni mucho menos: humor, entendido como la disposición con la que se cuentan, o se viven, las cosas. La mirada: ése es el espectáculo. Original por demás, todo sea dicho.

¿Cabe una historia en la que el rescate de una princesa por un apuesto príncipe derive en una cuestión de igualdad? ¿Se imagina a una anciana negándose en plan ceporro a la ampliación de un cementerio? ¿Le han soplado lo que va contando Dios de sí mismo por ahí? Para los aficionados a que las preguntas no queden sin respuesta, aun las más tontas, este dato añadido: las entradas incluyen una consumición. En realidad, le ahorran otra más: la de consumirse haciendo lo mismo de siempre. Seguro que alguien dice: Menudo cuento. Pues tiene toda la razón.

De utilidad:
Hola, soy Dios: Pablo Hoyos (Sevilla). Narrador y monologuista, artesano y aventurero. Su cuento: ‘El Dios Todopoderoso', donde Dios brinda en primera persona una visión de sí mismo muy fresca y llena de humor.

Desmadre en el bosque: Jhon Ardila (Bucaramanga, Colombia), muy comprometido con los derechos humanos y la solidaridad. Su cuento: ‘Tres tristes enanitos', adaptación de una obra de los hermanos Grimm y, por más señas, historia extravagante y disparatada de una huérfana, su horrenda madrastra, tres enanitos y mucho humor negro.

Sea usted un caballero para esto: Ángeles Fernández (Sevilla) perteneció al monimiento de cuentería de Paraguay y frecuenta, con sus historias, tanto bibliotecas como bares. Su cuento: ‘De caballeros y princesas', un repaso igualitario a la manía de rescatar doncellas.

Un trocito de la tradición oral: Carmen Solís (Cádiz), experta cuentista e integrante, con Pablo Hoyos, del grupo del Pumarejo. Su cuento: ‘Sentimiento en lata', tomado de los vientos de la tradición oral y recreado para la ocasión con una atmósfera de encanto y misterio.

El morir no ocupa lugar: Marco Flecha (Tacuati, Paraguay) es actor y animador sociocultural con un amplísimo currículum en cuentería. Su cuento: ‘¡No agranden el cementerio!', una obra suya que habla de cómo los tiempos nuevos vienen pisoteando las tradiciones.


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